Una última canción.

En estos días he caído en cuenta de lo mucho que perdí. Pero a ti no te perdí; a ti te alejé con todas mis fuerzas, te ignoré. Te abandoné de esas formas en que odio ser abandonado e incurrí en el descaro de dolerme y sentirme ofendido al verte continuar; pero ahora lo entiendo y sé que jamás tuve o tendré el derecho de sentir otra cosa por ti que no sea gratitud.

Pasaste por una cuota de dolor e indiferencia que no merecías. Por unos días sentí dolor de saberte realmente desprendida de mi. Pero la realidad es que tu amor jamás tendría un lugar seguro en mis manos, y esa fue la cuestión todo el tiempo. Me atreví  en algún punto a sentirme por encima de esto, volviendo ficción las palabras que me decías, no las creía pero no soy nadie para saber lo que pasaba por tu mente.

Me dolió el verte feliz, y fue la primer prueba de mi egoísmo para con tu amor que a regañadientes terminé creyendo mío. Al darme cuenta de esto empecé a pensar estás palabras. La única forma que me queda de mostrarte lo agradecido que estoy por todo lo que me diste de forma incondicional es sentirme muy feliz porque quizá hayas encontrado por fin lo que estabas buscando. Ahora me toca a mi llorarte, no lo haz pedido, ni lo harás, pero lo vales. Y esto será mi paso a dejarte ir esta vez de forma definitiva, no pensaré nunca en el “quizá” porque lo que fue, me dio y me enseñó más de lo que esperé.